Seminario Continental de Superioras/es Mayores y Delegados congregacionales de Comisiones de cuidado y protección
Del 17 al 19 de abril de 2026, en Lima - Perú, se llevó a cabo el Seminario Continental para Superioras/es Mayores, Delegados Congregacionales y Directivos Institucionales de Comisiones de Cuidado y Protección, reuniendo a religiosas/os y laicos de 13 países en un espacio formativo y pastoral orientado a consolidar entornos seguros en la Iglesia.
El seminario profundizó en la promoción de una cultura de prevención, abordando la necesidad de reconocer y transformar dinámicas que pueden propiciar abusos o situaciones de violencia en la Vida Religiosa. A lo largo de las jornadas, se ofrecieron herramientas para la identificación temprana de riesgos, la aplicación de protocolos y el fortalecimiento de procesos de cuidado, así como espacios de reflexión sobre la escucha, el acompañamiento a víctimas y la reparación integral.
Desde una mirada evangélica, se destacó la centralidad de las víctimas, invitando a las comunidades a leer la realidad desde su experiencia y a asumir compromisos concretos que promuevan relaciones sanas, prácticas de buen trato y una mayor corresponsabilidad en el cuidado. Asimismo, se subrayó la importancia de desarrollar políticas institucionales que integren la ley canónica, la ley civil, el carisma congregacional y el Evangelio.




El encuentro concluyó reafirmando el compromiso de fortalecer redes de prevención y acompañamiento, impulsar procesos formativos continuos y trabajar de manera articulada con diversos actores eclesiales y sociales. Este Seminario Continental, impulsado por la CLAR, renueva la esperanza y el compromiso de avanzar hacia una Iglesia más consciente, responsable y comprometida con la dignidad de toda persona.
Como horizonte, los participantes destacaron que la construcción de una auténtica cultura del cuidado implica un proceso permanente de conversión personal y comunitaria, que se traduzca en prácticas concretas, relaciones más humanas y estructuras que protejan y promuevan la vida. Solo así será posible seguir tejiendo comunidades donde el cuidado no sea una respuesta ocasional, sino una forma de vivir el Evangelio en lo cotidiano.