CONVER fue sede del taller “La mirada del otro”: Una llamada a renovar el servicio y la fraternidad en la vida consagrada
Con la asistencia de aproximadamente 62 participantes, el pasado sábado 10 de noviembre se llevó a cabo el taller “La mirada del otro” en las instalaciones de la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Venezuela (CONVER). La jornada congregó a religiosos, religiosas, seminaristas, formandos religiosos y miembros de diversas familias carismáticas que acompañan la labor pastoral en las parroquias de Caracas.
Bajo una profunda clave de reflexión inspirada en la filosofía de Emmanuel Lévinas, la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, el encuentro invitó a los asistentes a sacudirse de toda comodidad espiritual para replantear la vivencia del servicio no como una simple agenda o tarea administrativa, sino como el modo fundamental de responder al misterio del hermano.
El grito de la sangre y la responsabilidad con el hermano
La primera parte de la jornada abordó la pregunta fundacional de Dios en el Génesis: “¿Dónde está tu hermano?” (Gn 4, 9). Frente a la tentación de la indiferencia o la hiperactividad pastoral que se desentiende del prójimo, los facilitadores enfatizaron que la responsabilidad fraterna no nace de un contrato, sino de la dignidad de ser custodios mutuos.
A la luz del decreto conciliar Perfectae Caritatis y las enseñanzas de San Agustín, San Juan Pablo II y Karl Rahner, se exhortó a superar el «aislamiento en compañía» dentro de las comunidades. «Ves a tu hermano, ves a tu Dios», se recordó, haciendo hincapié en que el hermano cotidiano con sus límites y fragilidades es un verdadero lugar teológico.

El Buen Samaritano y la ética del Rostro
En un segundo momento, la parábola del Buen Samaritano (Lc 10, 25-37) fue analizada en diálogo con la filosofía de Lévinas sobre la irrupción del Rostro. Los participantes reflexionaron sobre la tentación de «dar un rodeo» frente al sufrimiento del hermano para priorizar un culto o una labor desencarnada.
La reflexión subrayó la urgencia de reinterpretar la comunidad religiosa como la «Posada» de la parábola: un espacio de acogida y sanación mutua donde el aceite de la paciencia y el vino de la fraternidad prevengan el desgaste vocacional. «El herido del camino muchas veces comparte nuestro mismo techo, nuestro mismo hábito y nuestro mismo altar», expresaron durante el desarrollo del taller.
Hacia una transformación comunitaria
El taller concluyó con un llamado a la acción pastoral y comunitaria: pasar de la mera tolerancia a la acogida auténtica. Inspirados en el gesto de Jesús en el lavatorio de los pies (Jn 13), se recordó que el servicio evangélico encuentra su culmen en dejarse conmover por la fragilidad del prójimo.
Al cierre del encuentro, los asistentes coincidieron en que la calidad de la vida consagrada y la autenticidad del apostolado se medirán, al atardecer de la vida, no por los títulos o la eficacia de los proyectos administrados, sino por la capacidad de detenerse y no dejar solo a quien camina a nuestro lado.