Religiosos hermanos profundizan en su identidad, fraternidad y misión como signo de sinodalidad en la Iglesia
El conversatorio virtual “Identidad y misión del religioso hermano en la Iglesia”, realizado el 19 de agosto, reunió a religiosos, laicas y laicos, agentes de pastoral y comunidades eclesiales para reflexionar sobre una vocación llamada a ser “testigo del amor y profeta de la cercanía”.
Bajo el lema “Testigos del amor, profetas de la cercanía”, se realizó el conversatorio virtual: Identidad y misión del religioso hermano en la Iglesia, un espacio de diálogo y reflexión sobre el aporte específico de esta vocación a la vida de la Iglesia y a los desafíos actuales de la sinodalidad. Este evento fue realizado por la Confederación Latinoamericana y Caribeña de Religiosas y Religiosos – CLAR, a través de la Comisión de Religiosos Hermanos.
El encuentro puso en el centro la identidad del religioso hermano como una vocación plena, con un valor propio dentro de la Iglesia, y abordó diversos desafíos relacionados con el clericalismo, la vida fraterna, la cercanía a las personas vulnerables, la misión compartida con laicas y laicos y el trabajo intercongregacional.
El Hermano Luis Felipe González, en representación de la presidencia de la CLAR, en el saludo de apertura destacó que la vocación del religioso hermano constituye un don que está llamado a hacer visible y sensible la presencia de Dios en medio del mundo. Además, subrayó que, en el contexto de una Iglesia que busca caminar sinodalmente, su vida y vocación representan un signo especialmente necesario.
Una vocación plena: la identidad laical del hermano
El Hermano Ezequiel destacó que la vocación del religioso hermano es plena y propia, no una ausencia de ordenación, y que su identidad puede contribuir a superar el clericalismo entendido como una lógica de poder. Frente a ello, propuso un ejercicio del poder como capacidad de escuchar, crear y servir. Asimismo, señaló que la condición de no clérigo permite al hermano tender puentes de confianza e igualdad entre la realidad cotidiana y la comunidad eclesial, favoreciendo la fraternidad.
Ante el desafío vocacional, planteó la necesidad de promover una “hospitalidad vocacional”, con comunidades capaces de acoger a jóvenes y colaboradores laicos que descubran en ellas una experiencia concreta de fraternidad. También subrayó que la inserción profesional en distintos ámbitos debe estar animada por la fraternidad, no como un elemento añadido, sino como eje de la misión y de la vida comunitaria.
La comunidad como laboratorio de comunión

El Hermano Juan Carlos destacó que la comunidad debe ser un “laboratorio de comunión” y el primer testimonio de la vocación del hermano. Ante el individualismo y la cultura de las pantallas, subrayó la importancia de fortalecer el diálogo, la escucha y el cuidado mutuo, superando los proyectos individuales para construir verdaderos proyectos comunitarios.
Asimismo, resaltó la riqueza de las experiencias intercongregacionales, interculturales e intergeneracionales, como camino para el futuro de la Vida Religiosa. En este contexto, presentó la metáfora de la ‘mesa compartida’ como expresión de relaciones horizontales, sencillas y no competitivas, capaz de ofrecer un testimonio profético frente a una sociedad marcada por la búsqueda del poder y el reconocimiento.
La cercanía como camino de profecía
El Hermano Hugo Cáceres, CFC, desde Roma, reflexionó sobre el profetismo de la cercanía a partir de su experiencia en la Comunidad Intercongregacional Fratelli Tutti. Señaló que esta perspectiva requiere articular profecía y cercanía desde el encuentro, la escucha empática y la presencia junto a las personas, acogiendo sus miedos, esperanzas y búsquedas.
Ante las situaciones de vulnerabilidad, destacó la importancia de salvaguardar y de un cuidado integral que supere el asistencialismo, reconozca los errores del pasado y promueva espacios de encuentro y protección. Asimismo, propuso transformar las formas de liderazgo, pasando de una lógica jerárquica a un ejercicio de la autoridad como servicio, escucha y discernimiento comunitario.
Finalmente, subrayó la necesidad de fortalecer la misión compartida con las laicas y los laicos, reconociéndolos como copartícipes y no como auxiliares. Para ello, planteó revisar la formación y superar estructuras rígidas y clericales, favoreciendo la intercongregacionalidad y una Iglesia en la que todas y todos puedan participar plenamente.
Fraternidad y sinodalidad: desafíos para el presente y el futuro
En el diálogo de cierre, los tres hermanos fueron invitados a identificar el principal desafío que enfrenta hoy la vocación del religioso hermano.
Para Ezequiel Takaya, el desafío fundamental es la fraternidad. La vocación del hermano consiste en “celebrar la fraternidad en los altares del mundo contemporáneo”, favoreciendo una transformación en la manera en que se distribuye y ejerce el poder para que todas las personas puedan tener voz.
Juan Carlos Bolaños identificó como desafío la necesidad de no renunciar a la escucha y al diálogo. En medio de una sociedad polarizada y competitiva, el hermano está llamado a insistir en relaciones horizontales, sencillas y naturales, convirtiéndose en puente de encuentro tanto en la sociedad como en la Iglesia.
Por su parte, Hugo Cáceres situó el aporte irrenunciable del religioso hermano en un liderazgo marcado por la escucha y la cercanía. La superación de la “ilusión del poder” jerárquico permite abrir procesos comunitarios más horizontales, participativos y con finales abiertos, elementos fundamentales para una Iglesia verdaderamente sinodal y en salida.
La CLAR llama a fortalecer la fraternidad y el trabajo en redes
En el cierre, el Hermano Luis Felipe González compartió una síntesis inspirada en los diálogos sostenidos durante el mes de mayo con el Papa Francisco y diversos dicasterios del Vaticano. A partir de estas conversaciones, destacó tres insistencias para la Vida Religiosa actual: compromiso con la sinodalidad, trabajo en redes y el impacto de la Vida Religiosa.
Fortalecer las comisiones nacionales para animar la vocación del hermano

Como última intervención, el Hermano Salvador Vilar, OFM, realizó una invitación concreta a fortalecer la animación de la vocación del religioso hermano en cada país. Señaló que una de las herramientas más eficaces para este propósito es la creación y consolidación de comisiones nacionales de Religiosos Hermanos. No es necesario esperar estructuras complejas para comenzar: incluso un pequeño grupo de dos o tres hermanos puede dar los primeros pasos y generar espacios de articulación y encuentro.
El encuentro concluyó así con una invitación a pasar de la reflexión a la acción: fortalecer la fraternidad en las comunidades, promover el trabajo intercongregacional, abrir espacios de participación y escucha y generar estructuras que ayuden a visibilizar y animar las vocaciones en América Latina y el Caribe.
En sintonía con el horizonte “Nacer de Nuevo”, el conversatorio recordó que la identidad del religioso hermano no se comprende desde lo que le falta, sino desde el don de una vocación llamada a hacer visible a “Cristo-Hermano” mediante la fraternidad, el servicio, la cercanía y la construcción de una Iglesia donde todas y todos puedan caminar, escuchar y participar.
El conversatorio completo puede revivirse a través de los canales de la CLAR en:
Facebook: https://www.facebook.com/share/v/19biQi5MJ7/
YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=5SvSxM1qA8I&t=1s